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Un museo ¿para qué?

Hoy los museos celebran su día, así que ¡¡¡Felicidades!!!

Esta pregunta de para qué un museo es una pregunta que yo no voy a saber responder, os lo digo ya de entrada. Al menos no sabré dar respuesta a la tremenda pregunta que plantea el título.

Os diré eso sí, porqué para mi son necesarios los museos. Voy con frecuencia a los museos, a veces acompañada haciendo las funciones de guía y/o educadora y otras veces, muchas, sola.

Yo necesito espacios donde poder disfrutar de lo que los museos me ofrecen: historia, recuerdos, arte, emociones, vida, vida, vida. Podemos ponerle el nombre que deseemos, pero yo necesito esos espacios. Soy una analfabeta de la labor que los museos hacen en su faceta de conservadores e investigadores, por ello dejaré este espacio a quién pueda ilustrarlo.

Muchos años llevo entrando y disfrutando en ellos. También padeciendo con ellos. Esos textos insufribles de pared (sin firmar por cierto), esos folletos o catálogos que dudo que entienda ni su propio autor, esas colecciones de obras perfectamente alineadas a escuadra como repeticiones sin alma (que no lo son), esas colas, apretones y bullas para pasar de una sala a otra porque no hay ni un segundo más para estar donde estás…. uffff. Esos no son mis museos favoritos, os lo aseguro.

He buscado enlaces para ilustrar esta entrada pero todos son del tipo: “Los diez grades museos del mundo“, “Los cinco museos más visitados del mundo“… no es por ahí por donde voy yo.

Me vienen imágenes a la cabeza de buenos momentos en museos y no saldrían en esas listas.

Para mi un museo es un espacio donde sobre todo “estar”. Como diría un vecino mío, voy a “estame”.  A veces lo que encuentro me remueve emociones que disfruto al sentir, otras veces me voy como he entrado (las menos) y pocas, pero algunas, tengo que salir rápido porque lo que encuentro no me hace estar bien, me inquieta.

En los museos he aprendido sobre mi, sobre mis iguales, sobre el mundo que me rodea y todo lo he hecho solo con pasearme por ellos, y si los textos son buenos, leyéndolos.

Respeto a todos aquellos que se niegan a ir a los museos, como si todos estos lugares fueran iguales y mostraran lo mismo, colocándoles la etiqueta de “aburridos”, o “es que yo no entiendo de eso”. No hay que ser experto en nada para ir a un museo y esto los primeros que deberían de saberlo son todos aquellos que trabajan en torno a las colecciones, exposiciones, etc. que podemos ver. Tratadnos como personas inteligentes, lo que no encontremos en vuestros catálogos o paredes lo sabremos buscar. No utilicéis estos medios para contadnos lo mucho que sabéis, nos hacéis sentir como lo que no somos, ignorantes.

No me puedo imaginar mi vida sin todo aquello de lo que disfruto cuanto estoy en un museo, pasan tantas cosas y siento tantas cosas dentro de mi que solo lo puedo igualar a bailar.

Quiero formular un deseo en este día de celebración de los museos: deseo museos donde poder tocar, oír, oler, bailar, tumbarme, sentarme en el suelo, hablar y poder hacer todo esto con la libertad necesaria y el cuidado de no molestar al resto.

He decidido poner esta foto reciente, estoy en el Museo Pablo Gargallo de Zaragoza. Esta fotografía recoge un momento precioso con la participación de las familias en un lugar muy especial para mi.

Actividad para familias, Museo Pablo Gargallo, Zaragoza